¿Quién le dijo al tirano Machado ¡Asno con Garras!?

El 25 de noviembre, luego de participar en un acto de la Universidad, Mella fue detenido y procesado por su supuesta participación en una acción terrorista, por lo cual a manera de protesta Mella declaró y sostuvo una huelga de hambre durante 19 días.

En aquellos días difíciles, Villena hacía denodados esfuerzos para lograr la libertad de Mella, hasta logró entrevistarse con el tirano Machado. Raúl Roa narra aquella entrevista:

“Transcurrieron los días. Rubén y sus compañeros se debatían sin descanso, para arrancar de Machado la orden que salvara a Mella, dispuesto a morir si no se le ponía en libertad. Diecisiete días sin probar bocado. La protesta tenía ya carácter aciclonado. A Machado, sin embargo, parecía no afectarle. Mella, indudablemente, estaba perdido.
RUBÉN MARTÍNEZ VILLENA

Rubén Martínez Villena

Fue en esas circunstancias desesperadas que el Comité acordó gestionar, con el Lic. Jesús María Barraqué, secretario de justicia del gobierno, que se le pudiera fianza a Mella. Rubén, Gustavo Aldereguía, que era el médico de asistencia de Mella, y Muñiz Vergara, conocido por el “Capitán Nemo”, fueron designados para entrevistarse con el Secretario de Justicia”.

“A las once de la mañana siguiente, el 12 de diciembre de 1025, franquearon la verga palacial de barraqué, Rubén y Muñiz Vergara. Aldereguía, por recomendación de este último, se quedó a mitad del camino. Su temperamento impulsivo podía malograr la gestión encomendada, que era más bien de carácter diplomático. Barraqué que estaba convaleciente de una gripe, los recibió en el patio. En el momento mismo en que Muñiz y Vergara le informaba del asunto que allí los llevara, fue anunciado el presidente de la República. Barraqué, dio orden de conducirlo a su presencia, aludiendo, de paso, a la oportunidad de la visita, ya que podrían Rubén y Vergara tratar el problema, directamente, con Machado.

Machado parecía aquella mañana de un insólito buen humor. En cuanto reconoció a Muñiz Vergara, se le acercó sonriente y lo abrazó. Este no perdió tiempo en abordarlo.
-Mire, general –empezó diciendo el capitán Nemo-, Mella es un buen hijo, no bebe, no juega… Es un joven apasionado pero es un buen hijo… ¿Por qué no se ha de poner fianza, como a cualquier otro preso común…? Porque él no es un preso común, pero aunque lo fuera, por la ley se le debe poner fianza. Además si él muriera a consecuencia de la huelga que mantiene, se iba a atacar rudamente al gobierno, se le iba a acusar de ser responsable de esa muerte, de haberlo asesinado, solo por no ponerle fianza, que es todo lo que se pide…

Machado se iba transfigurando por la ira, a medida que Muñiz Vergara hablaba.
-Usted es un buen hombre, capitán –le respondió con tono descompuesto-. Pero es demasiado ingenuo y cualquiera lo engaña. Mella será un buen hijo, pero es un comunista… Es un comunista, y me ha tirado un manifiesto impreso en tinta roja, donde lo menos que me dice es asesino… ¡Y eso no lo puedo permitir…!
Rubén que había estado ligeramente apartado, pero atento al diálogo, irrumpió de pronto y dirigiéndose a Machado le habló así:

-Usted llama a Mella comunista como un insulto y Ud. no sabe lo que es ser comunista. ¡Usted no debe hablar así de lo que no sabe…!

Machado reflejó en una mueca horrible el asombro que le poseía. Se recogió un segundo en sí mismo y luego con las venas del cuello abultadas, el acento bronco, se lanzó sobre Rubén manoteándole y con la mirada furiosa del paranoico cogido en falta:

-Tiene Ud. razón joven. Yo no sé lo que es comunismo, ni anarquismo, ni socialismo. Para mí, todas esas cosas son iguales. Todos son malos patriotas… Tiene usted razón… pero a mí no me ponen rabo ni los estudiantes, ni los obreros, ni los veteranos, ni los patriotas… ni Mella… ¡Yo lo mato, lo mato…!
¡Lo mato, carajo…!¡Si, lo mato, lo mato!

No pudo continuar. El muchachito, cuyo civismo antaño elogiara, ya hombre y haciéndolo bueno, le salió, violentamente al paso y arrebatándole la palabra le restré su desprecio profundo y lo clavó, para siempre, con un nombre que sería luego enarbolado por todo un pueblo como un cintarazo de fuego.

-Yo no lo había oído nunca: yo no lo conocía; solo había oído decir que era un bruyto, un salvaje… Y ahora veo que es verdad todo lo que se dice…

Y, dirigiéndose a Muñiz Vergara, que ensayaba vanamente calmarlo:

-¡Pobre América capitán, que está sometida a estos bárbaros…! Porque este no es más que un bárbaro, un animal, un salvaje, una bestia… ¡Un asno…!¡Un asno con garras…!
Machado acometido de un acceso de furia epiléptica, entre espumarajos de rabia, intentó replicarle a Rubén; pero ya Barraqué y sus ayudantes, temerosos de algo peor se lo llevaban materialmente.

-¡Es un asno!… ¡Un asno con garras!

Barraquépor su parte, pálido y tembloroso, les aseguró que la fianza solicitada sería puesta ese día. Cuando Rubén llegó poco tiempo después al bufete de Ortiz, Pablo de la Torriente Brau le oyó contar, con palabras vibrantes y en los ojos irónicos una mal disimulada alegría, el tormentoso incidente.

-Es un salvaje, un animal, una bestia… ¡Un asno…! ¡Un Asno con Garras!

Y repetía la expresión, como satisfecho de haberla creado.

La acción llevada a cabo por el joven revolucionario Rubén Martínez Villena constituyó un ejemplo de valor y combatividad, que ha quedado entre las páginas gloriosas de la historia de lucha del pueblo cubano.

La vida de Mella siguió amenazada por los esbirros de la tiranía, al punto de que se vio obligado a salir clandestinamente de Cuba por el puerto de Cienfuegos el 18 de enero de 1926 rumbo a Honduras primero, para establecerse después en México, donde sería finalmente asesinado por esbirros a las  órdenes del tirano Machado, el ¡Asno con Garras!.

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